¡Degustar un vino y describirlo no es algo fácil! Es, ante todo, el arte de retranscribir lo que se siente y las sensaciones que provocan los aromas o incluso las texturas. La degustación es, por tanto, bastante subjetiva y personal en el sentido de que se basa en nuestra propia experiencia. De hecho, no es porque tu amigo encuentre que el vino sabe a higo que necesariamente estarás de acuerdo con él. Lo esencial es saber expresarte sobre las razones por las que te gusta un vino o no. Con regularidad en la práctica de la degustación, lograrás afinar tu paladar, tus sentidos y tu vocabulario para convertirte en un verdadero experto en degustación.
Ponerse en buenas condiciones
Una degustación pone en juego nuestros sentidos. De hecho, para degustar un vino necesitamos nuestros ojos, nuestra nariz y nuestra boca. Si tienes la nariz tapada por un resfriado, por ejemplo, no te recomendamos organizar una noche de degustación. Asimismo, se sabe que ciertos alimentos pueden alterar el sabor percibido, especialmente los alimentos con sabor muy pronunciado. Por ello, no es aconsejable beber café antes de una degustación. El mejor momento para degustar un vino es antes de la comida del mediodía o de la cena. Es el momento en que los sentidos están especialmente alerta.
Para optimizar este momento, siéntate en un lugar bien iluminado, templado y preferiblemente sin olores. En cuanto a la forma de las copas, te recomendamos elegir copas con forma de tulipán. Esta forma permite que los aromas del vino se desarrollen fácilmente gracias a su abertura que proporciona un buen contacto con el aire. La parte superior, más estrecha, encerrará estos aromas para que puedas disfrutarlos plenamente. Para maximizar los aromas, te aconsejamos llenar la copa hasta la parte más ancha para permitir el contacto con el aire. Sostén siempre la copa por el tallo. De lo contrario, tu mano podría calentar el vino que contiene.
¿Se debe decantar un vino?
En general, se recomienda decantar vinos jóvenes para airearlos y así potenciar los aromas. El momento ideal es decantarlo una hora antes de servirlo; es entonces cuando el vino estará en su mejor momento. En cambio, evita decantar añadas demasiado viejas. De hecho, el contacto con el oxígeno podría destruir todos sus aromas.
Degusta a la temperatura adecuada
La temperatura ideal de servicio de un vino debe situarse, para un vino blanco, entre 7 y 12 grados, y para un vino tinto entre 14 y 19 grados. En general, es preferible servir un vino ligeramente más frío que más caliente. La razón es que el vino se calienta bastante rápido en la copa.
El orden de la degustación
A menudo se dice que es costumbre servir los vinos jóvenes antes que los vinos viejos o, también, servir los vinos blancos antes que los tintos. Estas lógicas funcionan, ciertamente, pero no son necesariamente reglas estrictas. De hecho, puedes perfectamente servir un vino blanco al final de la comida con queso, después de haber bebido tinto con carne, por ejemplo.
Lo mejor es establecer el orden de degustación de los vinos según su cuerpo y potencia. Prefiere beber vinos vivos y frescos al inicio de una comida. Luego, sube progresivamente en potencia y termina con vinos licorosos.
Las etapas de la degustación
Para aprender a degustar un vino, hay que pasar por tres etapas clave que involucran nuestros sentidos: la vista, la nariz y la boca. Pero, ¿no será ese el logo Domaine du Goût?
La Vista
Nuestra vista nos permite analizar el color del vino, es decir, su tonalidad. El color puede darnos indicios sobre la edad del vino o su cuerpo. Puede ser pálido, medio o intenso. Sepa que el color evoluciona con el tiempo.
Para los vinos tintos, un color en tonos violetas indica que es un vino joven. Un vino más viejo tendrá tonos marrones. Los diferentes colores de un tinto pueden ir del violeta al rubí, o del granate al marrón.
En cuanto a los vinos blancos, si es un vino joven presentará reflejos verdes y será muy claro. Un vino blanco viejo se volverá más ámbar y más oscuro. Los colores de un vino blanco son limón, oro, ámbar o marrón.
Finalmente, para los vinos rosados, un vino violáceo significa que es joven; si es anaranjado, entonces es viejo.
Para analizar correctamente el color de un vino, hay que inclinarlo sobre una superficie blanca y fijarse en los reflejos que presenta.
La Nariz
El análisis de la nariz se realiza en dos tiempos. La primera nariz es cuando se huele el vino sin airearlo previamente (es decir, sin mover la copa). Es gracias a esta nariz poco potente que se detectan los defectos de un vino, como por ejemplo el olor a corcho.
Luego viene la segunda nariz. Se airea el vino haciéndolo girar ligeramente en la copa para que se abra. Los aromas se optimizan gracias a la aireación.
Existen tres familias de aromas en un vino:
- Los primarios: procedentes de la variedad de uva a la que pertenece el vino.
- Los secundarios: provienen de la fermentación.
- Los terciarios: provienen de la crianza, por ejemplo en barrica. Es esta crianza la que aporta aromas tostados o especiados.
No dudes en oler tu vino varias veces para percibir todos los aromas y los nuevos aromas que podrían aparecer con el tiempo y el contacto con el aire. Si logras identificar varios aromas, tu vino estará “abierto”. Si no, estará “cerrado”.
Al principio, no te apresures a buscar aromas precisos, sino más bien familias. ¿Tu vino es floral? ¿Afrutado (frutos rojos, verdes, cítricos)? ¿Especiado (vainilla, canela)? ¿Mineral?
Luego, ¡hazte tu propia idea según tus sensaciones!
La Boca
Sin duda, es la etapa más importante de la degustación de un vino.
En esta etapa, es importante hacer girar bien el vino en la boca para descifrar todos sus sabores. De hecho, nuestra lengua está constituida de tal manera que los receptores para el amargor, la acidez o el dulzor no se encuentran en los mismos lugares. Para degustar aún mejor el vino, se aconseja aspirar un poco de aire al mismo tiempo que tomas un sorbo de vino para airearlo y potenciar sus aromas. El análisis en boca del vino se realiza en 3 etapas, distinguiendo entonces:
- El ataque: la primera percepción en boca, que permite juzgar la potencia de un vino. ¿Es suave? ¿Franca?
- El medio de boca: es el momento en que los sabores del vino se despliegan, los taninos para los tintos, la acidez para los blancos.
- El final: la nota final que deja el vino, cuánto tiempo permanece el vino en la boca, hacia qué sabores tiende a evolucionar.
Por ejemplo, se puede reconocer un gran vino por su capacidad de permanecer mucho tiempo en la boca y evolucionar en los sabores que aporta incluso después de ser tragado.
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